Cuando abrazamos nuestra identidad, se abre un mundo lleno de capacidad para crear y sentir historias: Xun Sero

“La palabra indígena proviene de una categorización política y clasista, cuando entendí eso logré despojarme de ese pensamiento y decir no soy indígena, soy tsotsil”.

Xun Sero

¿Quién es Xun Sero?

Soy una persona que tiene muchas cosas que decir, con muchas emociones y que siempre ha buscado un vehículo para comunicarlas.

Soy tsotsil del pueblo de Mitontic, ahí estudié la primaria, la secundaria la cursé en San Cristóbal, ahí me encontré con mucho racismo, se burlaban de mí por no saber hablar bien el español, vivir esa segregación fue un trauma porque a partir de eso decidí renunciar a mi identidad, ya no quería ser indígena, comencé a negar de donde soy, a negar a mi madre, a mi familia, incluso varias veces le dije a mi propia familia “pinche indio, no sabes hablar español” porque eso era lo que yo recibía en la ciudad.

Fue en la universidad cuando pasé por un proceso de reconciliación con mi familia y con mi identidad, estudié en la Universidad Intercultural y en ese momento había un ambiente muy político y reflexivo acerca de lo que es la identidad, la cultura y era importante crear un modelo educativo procurando a las personas de pueblos originarios. Justo ahí comencé a leer sobre los movimientos y luchas de pueblos indígenas y me sentí mal por negar lo que yo era, porque me di cuenta que había mucha gente defendiendo su identidad y su cultura, y yo lo estaba abandonando.

También me di cuenta de que hay una gran diferencia entre ser tsotsil y ser indígena. “La palabra indígena proviene de una categorización política y clasista, cuando entendí eso logré despojarme de ese pensamiento y decir no soy indígena, soy tsotsil”.

¿Cómo incursionas en el cine y la fotografía?

Fue justamente a partir de reconciliarme con mi identidad. Empecé a militar en el tema de los medios libres, porque creo que los medios de comunicación son medios de lucha que tienen que estar al servicio de la construcción para una sociedad más justa. Mucho tiempo pensé que el cine no estaba ahí, pero luego encontré en el documental las historias que a mí me interesaba contar; entendí la diferencia entre la ficción y el documental.

Al principio empecé fotografiando cortometrajes de otros compañeros y la escuela. Entre el 2011 y 2013 hice un documental sobre un preso político que se llama Alberto Patishtán, fue mi primer largometraje de 60 minutos. Con esta experiencia descubrí la influencia que tiene el cine para contar historias y experimenté el desafío emocional del proceso, comprendiendo la responsabilidad de comunicar y compartir historias.

Fue un proceso emocional difícil, pero así fue como sentí que el documental se iba apropiando de mí.

Como realizador visual ¿cómo contribuyen el cine, la fotografía y el documental a la preservación y difusión de la identidad comunitaria?

Tenemos que hacer un cambio de mentalidad. Lo que intento hacer en mis trabajos es que se note la riqueza que existe en el ser de un pueblo, exponer la belleza de cómo se piensa, cómo se vive, cómo se filosofa, pero no para preservarla, sino para explorar esas realidades y dejar de creer que ya sabemos cómo se vive en esos pueblos, porque cada quién vive de una manera diferente.

¿Has enfrentado complicaciones en tu trabajo como realizador visual?

Afortunadamente no muchas. La mayor complicación es la inseguridad, dudar si soy capaz de hacer el trabajo; por suerte hay personas a mi alrededor con quienes puedo hablar y reflexionar, eso ha ocasionado que mi camino haya sido bastante amable conmigo.

Con Mamá, por ejemplo -una compañera después de leer mi proyecto- me dijo que lo quería producir y me dio las herramientas para poder hacerlo, me ayudó a conseguir unas asesorías, me acompañó en la búsqueda de fondos. En realidad, no he tenido muchas dificultades más que este pensamiento de saber si vale la pena realizar un trabajo. Esa inseguridad viene unas veces de saber si uno es bueno haciendo cine y otras veces del cansancio de debatir con la sociedad del porqué es importante hablar de estos temas; esto puede llegar a ser muy desgastante y eso causa que me pregunte si vale la pena o no hacer ese tipo de proyectos.

Creo que he tenido un ángel, a lo mejor es mi madre. Siempre que necesito ayuda, llega la gente.

¿Alguna anécdota que como realizador te haya marcado?

Con Mamá, por el tema. Fue saber quién soy, lo que represento y lo que he aprendido. Soy un hombre que aprendió muchas actitudes machistas, que las experimenté desde pequeño, que atraviesan en mi vida adulta, en mi forma de relacionarme y que es un constante desencuentro conmigo porque cuando pienso que ya sé identificar mis conductas machistas, salen otras. Eso me ha marcado en el proceso de hacer Mamá.

Otra cosa que estoy aprendiendo es a reconocer que yo hice una película para hablar de cierto tema, pero yo no soy experto en ese tema y probablemente nunca lo sea, pero ahora sé que debo estar más al pendiente de mis actitudes porque de nada sirve pensar sobre algo, si las actitudes no se cambian.

Presentación de la película Mamá en el Centro Cultural Sendas

¿Qué mensaje mandarías a las juventudes que ya no se sienten parte de sus raíces?

Tener identidad es súper rico. Cuando abrazamos nuestra identidad se abre un mundo lleno de capacidad para crear y sentir historias. Efectivamente hay que luchar contra el racismo y ampliar la visión de lo que es ser indígena y entender que esa palabra no nos define, porque no especifica qué lengua.

Hace tres años escribí un texto sobre cine indígena con Luna Marán, cineasta zapoteca, y en las primeras líneas explico que cuando se refieren a mí como indígena no sé a qué se refieren, pero cuando me dicen tsotsil puedo recordar el rostro de mis abuelas, de los amaneceres, de la milpa y del color de la tierra, me acuerdo de estar sentado en alguna vereda tomando pozol o jugando con amigos.

Cuando me dicen tsotsil me acuerdo que ahora tengo a personas que idolatro como Mikel Ruiz, Ruperta Bautista, Andrés Ta Chikinib y otros compañeros.

En nuestras comunidades no hablamos de negar, negamos cuando salimos, pero la solución no es quedarnos en las comunidades, migremos, vayamos a las ciudades, a otros países, pero cuando nos encontremos con situaciones de racismo tengamos las herramientas suficientes para defender nuestra identidad. Hay que romper la idea de que cada vez que se van se diga “tú no eres tsotsil, tú ya eres de la ciudad”, no es así, el hecho de vivir en un contexto rural o urbano no me quita quien soy, porque eso es lo que he decidido ser.

Mi sueño es hacer una colaboración con escritoras y escritores tsotsiles y que traslademos todas las historias que ya tienen como si fueran radionovelas, aprovechando que estamos en la era del podcast, para tenerlas ahí en cualquier parte del mundo y podamos decir “mira, escucha este cuento, escucha esta música”.

Para las personas que estamos conscientes y abrazamos nuestra identidad, hagamos trabajos que permitan a nuestras compañeras y compañeros tener acceso a más información. Tal vez no tengamos nuestra historia escrita, pero nunca es tarde para hacerlo.

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