Promover la cultura es un privilegio: Violeta Pinto

Violeta Pinto nació en Tuxtla Gutiérrez, pero su niñez y adolescencia transcurrieron entre San Cristóbal de Las Casas y Comitán y a los 17 años regresó a la capital de la entidad. Vivió dos años en la Ciudad de México y de vuelta a Chiapas comenzó a trabajar en el Seguro Social, desde hace veinte años está jubilada.
De manera simultánea a su profesión, cultivó un enorme gusto por las artes, convivió con grandes personajes del mundo de la cultura y es considerada una promotora cultural.

¿Cómo percibe el ambiente cultural en Chiapas?

Yo diría que es muy variable, porque hay eventos a los que asiste muchísima gente, pero también hay eventos importantes a los que asiste poca gente. La asistencia de la gente es un indicador de la calidad que puede tener un evento cultural, sin embargo, sí creo que hay escases de público. Durante las muestras de cine en el Teatro de la Ciudad de Tuxtla, tuve la fortuna de ver como se llenaban, era impresionante porque en el tiempo que me tocó vivir, era cine de arte y en ocasiones solo estábamos un amigo, el proyectorista y yo.

Hay muchas variantes en el tiempo y el espacio. Ahora, la cultura se da. Recuerdo una reunión que tuvimos en Casa de Gobierno con el licenciado Patrocinio González Blanco Garrido en la que cada quién expresó su opinión acerca de la cultura. Efraín Bartolomé, el poeta, dijo “La cultura se hace todos los días”, porque todo es cultura y también la que se considera “cultura selecta” se hace diariamente.

De cada persona depende disfrutarla o no, también depende mucho de la familia, de la escuela y de los medios. Ahorita con las redes sociales, por ejemplo, tú puedes ver lo que quieras, escuchar una ópera de cuatro horas o ver un chiste de 30 segundos.

Platíquenos cómo se da su incursión en el mundo de la cultura en Chiapas.

Mi papá y mi mamá fueron profesores. Mi madre era de San Cristóbal de Las Casas, mi papá era comiteco, se conocieron, se casaron, nací. Mi madre era de condición “burguesa”, era culta y muy creativa, murió cuando yo tenía cinco años, pero dejó un acervo bibliográfico. Mi curiosidad de niña me llevó a abrir cofres y cajas donde encontré libros y comencé a leer de manera espontánea para distraerme. De San Cristóbal pasé a Comitán y ahí ya no teníamos ese acervo, porque le robaron a mi padre toda la biblioteca.

En Comitán yo no podía dormir por el frío, entonces encontré en un ropero antiguo una biblia ¿Creerás que la leí completa? Eso fue inclinándome hacia el lado de la cultura.

A los 17 años vine a Tuxtla y encontré un ambiente cultural muy especial, lo que en ese tiempo se llamaba La Casa de la Juventud, que ahora es el IMJUVE, fui y me encontré a Carlos Ancira, conocí a Alejandro Jodorowsky y a Carlos Monsiváis, ahora pienso lo afortunada que fui. Soy una mujer privilegiada porque he conocido a personas que han influido mucho en mis gustos personales y si debo señar a una persona que tuviera mucha influencia en mí, sería el pintor Reynaldo Velázquez.

Reynaldo es un hombre autodidacta, un pintor extraordinario a quien conocía de vista porque era amigo de mi hermana, pero no éramos cercanos; un día, mientras escuchaba un disco de Vivaldi en mi recámara, que era tipo hippie porque tenía el colchón en el piso, vi que se asomó, pero no me dijo nada, esperó a que terminara, salí de ahí, lo saludé y me preguntó “¿te gusta la música clásica?” yo le dije “Sí, particularmente estos músicos”. A partir de ese momento sugió una amistad muy especial que duró 10 años, él venía todos los días a las cinco de la tarde, como el poema de García Lorca, y se iba a las once de la noche o más tarde, ibamos a todos los eventos, caminábamos, platicábamos, me leía o yo le leía.

Considero que él fue la persona más importante que conocí, porque eso me fue relacionando con pintores, músicos, escitores, poetas, etc.

¿Encuentra alguna particularidad en la cultura chiapaneca?

El hecho de que cada vez se conoce más a los grupos indígenas que por cuestiones políticas han sido marginados o subestimados. Ahora se está dando un fenómeno de información y comunicación más amplio y profundo, eso tiene un gran impacto en Chiapas.

¿Cómo se definiría en el ámbito de la cultura?

Considero que artistas, músicos, poetas, pintores, son seres que nacen con un don, el cual yo no tengo, yo me considero una espectadora. El hecho de haber disfrutado las artes en general ha ampliado mis conocimientos y me ha inclinado por las artes, particularmente por el cine. Y sí, soy una promotora.

¿Qué la motiva para promover la cultura?

Es gozoso. Hay partes del arte que son fuentes de sufrimiento y, sin embargo, pueden producir placer porque están tan bien hechas, que finalmente provocan un doloroso placer. Por ejemplo, leer “Los amorosos” de Jaime Sabines o “Algo sobre la muerte de mayor Sabines” es verdaderamente impactante, no puede dejar indiferente a nadie. En ese sentido, promover la cultura es un privilegio.

¿Qué ha logrado Violeta Pinto?

Existió un grupo que se llamaba En busca de la silueta de la sombra, que en ese entonces mandó a Socorro Trejo a que le propusiera a Jaime Sabines ser jurado de un concurso de poesía. A Jaime no le gustó el nombre del grupo y les dijo que, si cambiaban el nombre, tal vez lo iba a pensar, Socorro le preguntó qué nombre les sugería y Jaime contestó “¿Por qué no Don Romualdo Moguel?”.

Romualdo Moguel fue un periodista al que promovieron para que fuera presidente municipal y él se obsesionó de tal manera, que tomó eso como el eje de su vida y se dedicó a hacer a mano un periódico que se llamaba La estrellita o La estrella de oriente.

En esa época entré yo, invitada por un amigo llamado Horacio Meléndez López, que en paz descanse. Ahí hacíamos actividades culturales: lanzar convocatorias para concursos de poesía, eventos públicos de música, teatro y sobre todo relaciones con la gente. El grupo se fue diluyendo poco a poco, algunos se casaron, otros se fueron a vivir fuera de aquí, otros desertaron, finalmente nos quedamos Horacio, mi hermana y yo. Hasta la fecha hago una que otra cosa en nombre de Don Romualdo, aunque lo hago de forma solitaria.

Trato de influir en mi familia a través del cine. También aprovecho el ambiente cultural, afortunadamente me invitan a los eventos culturales y siempre procuro ir, porque el público es muy importante para el artista. Esta es otra forma de contribuir, es lo que más hago, asistir a los eventos.

En la actualidad, gran parte de la juventud consume contenido de las redes sociales ¿qué hacemos para que se acerquen a la cultura?

Se tiene que incidir en las familias y en los medios. Tiene que ser un asunto mediático, desde un simple cartel hasta un anuncio monumental. También es una labor personal, cada quien debería tener la obligación, el deber y el placer de acceder a ello sin necesidad de gastar un quinto. Simplemente poner el teléfono y escuchar música de trova, conocer a Silvio Rodríguez o a Mercedes Sosa.

Retomando el tema de los grupos indígenas y su cultura, en el caso de los zoques en Tuxtla ¿qué pasa, por qué los jóvenes no se acercan?

Ha tenido sus momentos, el doctor Andrés Fábregas Puig fue un gran promotor, un excelente servidor público, con una gran sencillez y una enorme disposición para trabajar cualquier proyecto que tuviera valor cultural. Desafortunadamente la mayoría de la gente tendemos a estar muy influenciados por la cultura occidental, eso hace que haya una división, que se aparten de la cultura indígena por considerarla de menor valor.

Volviendo al tema de los zoques, ha habido intentos. En Copoya está el Museo Zoque, tuve la fortuna de conocer al profesor Manuel de Jesús Martínez, que fue un gran impulsor de la cultura zoque, fue quien propuso el nombre del parque Joyyo Mayu. Lamentablemente, a nivel artístico, a la única persona que conozco es a una poeta que se llama Mikeas Sánchez, una mujer preparada, culta, que se sale de lo común, promueve la cultura zoque.

Me parece que se podría intentar culturizar a las juventudes, la limitación que tienen los jóvenes indígenas tiene mucho que ver con la religión. Hay fuerzas de carácter social, económico y político que impiden u obstaculizan el deseo de conocer otras cosas, creo que están demasiado centrados en lo propio y deberían extender su visión a otros campos.

Compártanos alguna anécdota de sus vivencias en el ámbito cultural.

Por naturaleza soy muy llorona, y una de las anécdotas nada humorísticas que tengo es la de haber llorado durante la lectura de un libro de Don Miguel de Unamuno que se llama San Manuel Bueno, mártir.  

Tuve el privilegio de que Reynaldo, intelectual completísimo, tuviera la generosidad de leerme el libro. Él había sufrido una fractura, yo llegaba a su casa por las noches a curarle la herida y no desaprovechaba la oportunidad de que platicáramos siempre, una ocasión, después de haber platicado él agarró el libro y me dijo “te voy a leer”. Lloré de principio a fin, eso me dejó marcada.

Es la historia de un cura jóven que tiene, no sé si la buena o mala suerte, por cuestiones que se ignoran llega a ser cura de un pueblito, ahí conoce a muchas personas, entre ellas a un chavo que tiene muchas inquietudes sociales y políticas, empiezan a entrar en confianza y un día le pregunta a San Manuel Bueno “¿por qué sufres? ¿qué te pasa? ¿qué tienes? ¿cuál es el problema de tu vida?” y el cura le contesta “el problema es que no soy creyente”. Muy fuerte. Miguel de Unamuno lo escribe con una pasión, una veracidad, una convicción que no puede dejarte indiferente.

¿Cuál sería su mensaje respecto a la cultura?

Que la procuren, que sean generosos, porque ser espectador es un acto de amor también, un acto de afecto, de admiración. Que enriquezcan los eventos y si tienen alguna idea la expongan, que vayan a las instituciones culturales, siempre tienen algo que ofrecer.

La gente que se mueve en el medio intelectual tiene opiniones no siempre acertadas porque desconoce las situaciones que existen en las instituciones, y que impiden que se haga esto o aquello y se dedican a criticarla. Pienso que en lugar de hacer eso, nos dediquemos a hacer algo más positivo, más justo y proactivo.

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